Por instantes siento que estoy huérfano de ti, pretérito y menguado con el tiempo que pasó ayer y hace un rato, sometido a la muerte de un te quiero desmedido, tierno y de sinceridad absoluta; nervioso por una noche con luz propia, luna propia, estrellas propias; pero impropio y tan lejano de ti. Si me dan a elegir entre el todo o la nada yo me quedo contigo y con la calma sublime de tenerte cerca. Amo tanto, tanto la vida, que de ti me enamoré, y ahora espero impaciente ver contigo cada amanecer. Si se termina este milagro, si se apaga mi voz, si me das un último adiós, ¿en qué rincón moriré? Pídeme cualquier deseo, poco te puedo ofrecer, somos de pronto heridas abiertas, amo tanto la vida, que de ti me enamoré, y de amarte tanto, tanto, puede que no te ame bien, si yo fuera tu asesino conmigo nunca tendría clemencia, y me condenaría a muerte, que es condenarme a tu ausencia… Que no haya mas despedidas por favor, que no te lleve el destino, ni soy tan idiota, no te dejaría ir con él. Cuento las horas, los minutos, los segundos, cuento en silencio los latidos de mi pulso mientras espero otra vez el bramido de mi sangre enloquecida al correr derramada a tu encuentro.


